Por Henri Schmidt, director ejecutivo y fundador de Vbtec/Visionbody, experto en musculación y superviviente de cáncer
Todo cambió para mí justo antes de la Navidad de 2023, cuando me diagnosticaron un cáncer de cabeza y cuello.
Como cualquiera que reciba ese tipo de noticias, me quedé en estado de shock, asustada y desesperada por saber qué pasaría a continuación. Confié en mi equipo médico y comencé el tratamiento que me recomendaron. Lo que siguió fueron tres meses de quimioterapia y cuarenta sesiones de radioterapia en la cara y el cuello.
El tratamiento fue increíblemente duro. La radioterapia me afectó mucho la boca y la garganta. Comer se convirtió en algo doloroso. Beber se volvió difícil. Incluso tragar era todo un reto.
En los meses siguientes, perdí 65 kilogramos y, con ese peso, gran parte de mi fuerza.
Estaba vivo, pero a duras penas.
La primera victoria y el próximo reto
Tras semanas de miedo y agotamiento, por fin recibí noticias alentadoras. Las pruebas de imagen no mostraron ningún indicio del cáncer de cabeza y cuello que había dado inicio a este proceso.
Por primera vez, me permití sentir esperanza.
Esa esperanza duró poco.
Unos meses más tarde, en junio de 2024, unas nuevas pruebas de imagen revelaron cuatro tumores en mis pulmones. Recuerdo que me quedé mirando fijamente las imágenes, sin saber muy bien cómo asimilar lo que estaba oyendo. Justo cuando pensaba que podía empezar a reconstruir mi vida, comenzaba otro capítulo de este viaje.
El cáncer tiene la capacidad de hacerte sentir como si el suelo se desvaneciera bajo tus pies. Tuve que aprender a seguir adelante incluso cuando ya no sabía cómo sería el futuro.
Recuperar la sensación de control
A lo largo de mi tratamiento, busqué formas de mantener la mayor fuerza y normalidad posibles, además de la atención médica que estaba recibiendo.
Como persona que ha dedicado la mayor parte de su vida al estudio de la ciencia muscular y el rendimiento humano, era lógico que prestara mucha atención a mi alimentación, mi actividad física y mi recuperación. Probé diferentes formas de alimentarme, ajusté mis rutinas en numerosas ocasiones y seguí buscando formas prácticas de mantenerme activo, incluso cuando mi energía era limitada.
Se trataba de decisiones profundamente personales, influidas por mi propia experiencia, mis antecedentes y las conversaciones con mi equipo sanitario. No deben interpretarse como recomendaciones para otras personas que padecen cáncer.
Para mí, mantener algún tipo de rutina se volvió tan importante como mantener mi forma física.
Aviso legal: Comparto mi experiencia personal, no un consejo médico. Mi historia no debe interpretarse como una prueba de que la nutrición, el ayuno, la estimulación muscular eléctrica (EMS), los suplementos u otras prácticas relacionadas con el estilo de vida puedan tratar o curar el cáncer. Cualquier persona que padezca cáncer debe tomar decisiones sobre el tratamiento, la nutrición y el ejercicio junto con su oncólogo y su equipo sanitario.
La lucha contra las metástasis óseas
A medida que avanzaba mi tratamiento, hubo momentos que me dieron esperanza.
Tras una ronda de pruebas de imagen, recibí noticias alentadoras sobre mis pulmones. Fue un momento emotivo, uno que nunca olvidaré. Por primera vez en mucho tiempo, sentí que podía respirar un poco más tranquilo, tanto física como emocionalmente.
Pero el cáncer tiene una forma de recordarte que el camino rara vez es sencillo.
Poco después, me enteré de que la enfermedad se había extendido a mis huesos. Mi equipo médico detectó cuatro tumores a lo largo de la columna vertebral. Recibir esa noticia fue devastador. Después de todo lo que ya había pasado, sentí como si me pidieran que volviera a empezar la lucha desde cero.
El miedo seguía ahí. Era imposible ignorar el desgaste físico que suponía el tratamiento. Pero algo dentro de mí había cambiado. Ya no quería gastar mi energía centrándome únicamente en lo que no podía controlar. En cambio, me centré en las cosas que aún podía controlar.
Seguí con el plan de tratamiento recomendado por mi equipo médico. También continué con las rutinas personales que me ayudaban a mantenerme activa y a conservar mi fuerza física siempre que me sentía con ganas, incluido el uso de mi sistema Visionbody EMS para realizar un entrenamiento suave.
Hubo momentos alentadores, seguidos de nuevos reveses. Algunas pruebas me dieron tranquilidad, mientras que otras me recordaban que mi lucha contra el cáncer aún no había terminado. Esa incertidumbre se convirtió en una de las partes más difíciles de vivir con la enfermedad.
Lo que cambió no fue la incertidumbre, sino mi forma de pensar.
Dejé de evaluar cada día basándome únicamente en los resultados de las pruebas y empecé a hacerlo en función de si había encontrado la fuerza para seguir adelante. Ese cambio me dio un sentido de propósito, incluso cuando el futuro seguía siendo una incógnita.
Aprender a convivir con la incertidumbre
Mi trayectoria no ha seguido una línea recta.
Hubo momentos en los que las pruebas traían noticias alentadoras, seguidos de otros en los que surgían nuevos retos. Cada cita traía consigo esperanza, incertidumbre y la conciencia de que el cáncer rara vez sigue el curso que nos gustaría.
Lo que aprendí fue que no podía controlar todos los resultados médicos.
Lo único que podía controlar era cómo afrontaba cada día.
Podría seguir cuidándome.
Podía seguir avanzando cuando era capaz de hacerlo.
Podría seguir adoptando hábitos que me ayudaran a sentirme más fuerte física y mentalmente, sin dejar de seguir el plan de tratamiento recomendado por mi equipo médico.
Esa forma de pensar llegó a ser muy importante para mí.

Las personas que me ayudaron a seguir adelante
Nadie lucha contra el cáncer solo.
Si hay alguien que me ha ayudado a superar este camino, esa es mi mujer y compañera, Krisztina.
Estuvo a mi lado durante cada tratamiento, cada noche difícil, cada momento de miedo y cada contratiempo. Cuando me sentía agotada, ella me daba fuerzas. Cuando dudaba de mí misma, ella me recordaba por qué tenía que seguir adelante.
Su amor y su apoyo se convirtieron en mi punto de apoyo a lo largo de toda esta experiencia.
Mirando atrás, sinceramente no puedo imaginarme haber recorrido este camino sin ella.
Lo que significa para mí la fuerza hoy en día
El cáncer cambió por completo mi forma de ver la fuerza.
Hace años, la fuerza era sinónimo de rendimiento.
Hoy en día, la fuerza es sinónimo de resiliencia.
Significa levantarse de la cama en las mañanas difíciles.
Significa seguir cuidándote cuando el miedo te dice que te rindas.
Significa conservar tu independencia, tu movilidad y tu calidad de vida durante el mayor tiempo posible.
Para mí, mantener la masa muscular pasó a formar parte de esa mentalidad. No porque creyera que los músculos pudieran curar enfermedades, sino porque mantenerme lo más en forma posible me ayudaba a afrontar cada día con mayor confianza y esperanza.

Por qué sigo desarrollando Visionbody
Cuando fundé Visionbody en 2014, mi objetivo era crear una nueva generación de tecnología EMS inalámbrica que ayudara a las personas a mantenerse activas con mayor facilidad.
Años más tarde, me encontré utilizando esa misma tecnología durante la etapa más difícil de mi vida.
Esa experiencia le dio a mi trabajo un significado totalmente diferente.
Hoy, mi misión no es decirle a la gente que he encontrado la solución al cáncer.
Mi misión es ayudar a más personas a comprender la importancia de mantener la fuerza, mantenerse activas siempre que sea posible e integrar el ejercicio físico en una vida más saludable.
Ya sea que alguien se esté recuperando tras una enfermedad, se esté reponiendo de un revés, esté envejeciendo o, simplemente, intente mantenerse en forma, creo que el ejercicio físico es importante.
Esa convicción no ha hecho más que afianzarse a lo largo de mi propio camino.
La lucha continúa
Sigo viviendo en la incertidumbre.
El cáncer me ha enseñado que el progreso rara vez sigue una línea recta y que hay que estar agradecido por cada día.
También me ha recordado que la esperanza se construye a través de pequeñas decisiones que se repiten con el tiempo.
Para mí, esas decisiones incluyen mantenerme activo, cuidar mi cuerpo lo mejor que pueda, seguir desarrollando Visionbody y pasar tiempo con las personas que quiero.
Si mi historia puede servir de ayuda a alguien que se enfrente a un diagnóstico difícil, espero que sea esto:
Eres más fuerte de lo que crees.
Apóyate en las personas que te quieren.
Colabora estrechamente con tu equipo médico.
Mantén viva la esperanza.
Y nunca subestimes la importancia de conservar tus fuerzas, día a día.
Henri Schmidt
Aviso legal: He escrito este artículo para compartir mi experiencia personal como exdeportista, especialista en fitness, pionera en EMS y persona que convive con el cáncer. Mis experiencias no deben interpretarse como consejo médico ni como prueba de que la nutrición, el ayuno, la EMS, los suplementos u otras prácticas relacionadas con el estilo de vida puedan tratar o curar el cáncer. Si padeces cáncer u otra afección médica, consulta siempre a tu oncólogo y a otros profesionales sanitarios cualificados antes de tomar decisiones sobre tu tratamiento, dieta, ejercicio o rutina de salud.